martes 8 de abril de 2008

Éter Existencial.

Un relato de ciencia ficción, espero que les guste.

Éter existencial.


Es el futuro.

En la época de este relato, la raza humana se reduce a dos.
Cómo se extinguió la raza no es la cuestión, solo la esencia de un diálogo privado de los últimos protagonistas de lo que alguna vez fue el imperio del animal humano. Mas, debo aclararte, todo el escenario es blanco, inmaculado, a decir verdad, como el fulgor de una estrella de radiaciones cándidas, tan puras que solo se compara con las descripciones de psicodelias bondadosas.
En medio los protagonistas: Ella, la última mujer, tan vieja que su rostro es una hermosa obra de arte esculpida por las delicadas manos de Cronos, además, está postrada agonizando.
Él, en su niñez aún. Con la inocencia característica de nuestra raza, al igual que el polvo puro del mármol, pronto será esparcida por el aliento irreparable de la Moira.
–¿Cuándo tú mueras quedaré solo? –preguntó el niño.
–Sí, serás el último ser vivo del Universo –respondió ella con una voz cansada pero sincera.
–¡No deseo estar solo! –Recriminó con un tono triste y sin esperanza.
–No sufras –reveló ella– El Creador te acompañará, y tú heredarás el Universo.
–El Creador no habla –sentenció el niño– además nunca se ha dejado ver.
–Cierra los ojos –dijo con dulzura la anciana– y sabrás que no es así, El Creador que todo lo hizo estará a tu lado, nunca nos defrauda, él siempre nos conforta.
–¿Estará a mi lado? –cuestionó el pequeño.
–Simplemente será así, El Creador te confortara a pesar que no lo veas, a pesar que no te toque, a pesar que no lo sientas y sin importar que no escuches sus palabras el te susurrara sabiduría, él esta en todo lugar.
–Y cuando yo muera, ¿Qué pasará con El Creador?
–Él seguirá ahí, incluso aun después de nuestra partida, pues él es todo... –La mujer se silenció por unos instantes, meditó su respuesta y con un tono más forzado se atrevió a decir– O bien, también morirá con nosotros.
–¿Cómo podría el Creador morir?
–Él no muere – respondió con voz quebrada - Él solo existe, mas, podría ocurrir que al morir la última mente del universo que especula sobre Él, en ese preciso y simple momento, el Creador desaparezca y todo volvería a ser un éter existencial...
Poco después la anciana murió.
Los años se deslizaban incansables dentro del reloj de arena, y el niño creció.
El ahora hombre meditaba las respuestas realizadas a la mujer con obsesiva calma, y se preguntó: “¿Qué pasaría si lograra concentrarse lo suficiente para dejar de pensar en el Creador?”. Y meditó esta nueva interrogante.
Pasó mucho tiempo más. El hombre se convirtió en anciano, pero sin dejar de reflexionar su idea. Y un día, descubrió un método para dormir su conciencia y así no pensar en El Creador.
Tenía miedo de intentarlo al principio, pero la instintiva curiosidad era mucho más fuerte. Entonces tomó la decisión: alejaría al Creador de su mente, solo por la simple incertidumbre de lo que podría pasar. Lo hizo, fue solo por una fracción de segundo, aquietó su mente.
El anciano abrió los ojos y se percató que todo a su alrededor estaba en tinieblas, no podía ver nada. Era negro infinito hacia cualquier dirección ante su mirada. Sentía que podía mover sus manos pero no las veía. Comprendió que sus pies estaban allí, pero no sabia en qué se apoyaban.
Debido a la oscuridad total y pura el anciano se llenó de angustia.
Con el tiempo, la angustia mudó a tranquilidad y luego se volvió una gran paz en su ser.
Sin pensarlo dos veces gritó con todas sus fuerzas:
“¡Hágase la luz!”
Y la luz se hizo...


Fin