viernes 2 de enero de 2009

Jenny




Este cuento está dedicado a una buena amiga y artista... con mucho cariño... acá lo tienen. Este relato lo coloco también como adelanto al nuevo libro, que espero salga en 2 meses.
Pueden oir el cuento también, con la nueva opción, la voz esta bien sexy, jejejeje. Puedes también acceder al blog de Jenny pinchando la fotografía y ver parte de su obra.



Jenny



Jenny no se percató, al principio, que era observada de forma furtiva.
Ella se encontraba solitaria y silente en una esquina de la barra de aquel bar de moda. Parecía algo distraída, como ida en sus pensamientos. Tomaba un sorbo de cerveza y miraba por encima de sus anteojos al cantinero y a los otros miembros de la taberna. De cuando en cuando hacia conversación con alguno de los hombres sentados a sus costados, pero pronto perdía interés y retornaba a su bebida.
Un hombre, al otro lado de la barra, fantaseaba con ella desde hacía dos horas. Contemplaba cual depredador cada pequeño detalle de la joven para determinar el patrón de comportamiento que debía optar y así conseguir su cometido: una conquista rápida de una sola noche.
El hombre sentía una urgencia desde el interior de su carne que le oprimía el pantalón. Tras analizar la situación pudo deducir varios detalles: era soltera, no tenía ningún signo distintivo que dijera lo contrario. Buscaba algo de “acción nocturna” por su vestimenta atrevida: enagua corta y blusa escotada; no era muy buena en el refinado arte de la seducción como podía constatar; era torpe al abordar a un hombre, lo intento varias veces sin suerte.
La pequeña vos en la cabeza del hombre despertó, ve por ella, le decía, ella es fácil, aseguraba, piensa en la noche que te darás.
El hombre se dejó llevar por la voz y le envió una cerveza junto con una nota: “Para mejorar tu noche”. Ella miró con recelo la botella y luego a donde el camarero le señaló. El caballero al otro lado de la barra le sonrió y ella de forma tímida le devolvió la sonrisa.
Pasaron varios minutos antes de que el intercambio de miradas se transformara en una invitación para conversar. El hombre esperó paciente a que el primer asiento desocupado cerca de ella estuviera disponible y arremetió a el como un conquistador español.
La plática inicio común, un saludo y sus nombres.
Jenny – dijo ella
Pablo – dijo él.
Jenny era delgada, menuda y de cabello ondulado, usaba anteojos con montura negra de un estilo elegante de la década de 1970, el escote amplio debelaba un paraíso voluptuoso por debajo de su cuello, detalle que era imposible pasar desapercibido, sus amplios y hermosos ojos café eran pocas veces admirados a plenitud por el género opuesto, su pecho se robaba toda la atención y parte del espectáculo. En esta ocasión no era diferente. Jenny ya estaba acostumbrada y parecía que sacaba provecho de esto.
Pablo era alto y vestía a la moda, atlético mas las canas asomaban lentamente sobre su cabeza, el cabello impecable y olía a colonia de una marca famosa. Él se veía a sí mismo como un experto en mujeres, qué decirles para seducirlas y poseerlas, más que una habilidad lo especulaba como un hobby, un revés que repetía un par de veces a la semana, sus gustos eran amplios, decía él, por lo que pasar un par de noches consecutivas con la misma mujer era algo extraño. Usualmente las había olvidado por la mañana, la vos en su cabeza le decía, vámonos, vámonos antes de que despierte. Pablo se iba, la mayoría de las veces, disimulado, para no ser visto más.
-¿A qué te dedicas? – dijo él.
-Soy artista plástica y pintora. Y tú ¿cómo te ganas la vida?
Jenny tomó su bolso de mano, sacó un pequeño cuaderno y un lápiz. Comenzó a trazar líneas sobre el papel sin dejar de mirar a Pablo.
-Soy corredor de bolsa- respondió y con un gesto inquisitivo preguntó -¿Qué haces?
Jenny le explicó que el rostro de él era hermoso, deseaba dibujarlo para no perder esa oportunidad. Pablo vio en aquella revelación el detalla necesario para continuar su impulso de conquista y satisfacer su deseo por esa noche.
El dialogo se extendió con rapidez como fuego en verano, hablaron de pintura y arte en general, sobre los trazos de los pintores y la belleza de las cosas plasmadas por los grandes maestros: Monet, Renoin y Alfredo Sisley. Pablo era prácticamente una enciclopedia, usaba cualquier recurso disponible para cautivar al sexo opuesto, esto lo había aprendido con el tiempo y la practica durante años. Jenny hablaba despreocupada, explicando la importancia de la luz y los detalles dentro de un cuadro, y de cómo esos complementos contenían la esencia de todo en el universo y lo maravilloso de imprimirlos en el lienzo. Pablo sentía que el siguiente paso era importante para coronar la noche.
-Te está quedando bien el dibujo.-aseguró él.
-Gracias, es fácil dibujar un rostro cuando se tiene la experiencia.
-¿Te falta mucho?- cuestionó Pablo con el deseo de desviar la conversación para terminarla en un motel cercano.
-No, solo le faltan algunos detalles y la firma- Jenny bebió un sorbo de la cerveza, la colocó sobre la barra, se aproximó de forma seductora a Pablo y le dijo al oído: Podríamos terminarlo en mi casa.
El corazón de Pablo dio un brinco, era poco común que una mujer tomara la iniciativa, para él siempre era la misma rutina: divertirlas y a través de bromas picaras rodarlas hasta que con alguna escusa pudiera llevarlas a otro sitio donde pudiera controlar aun más los elementos y cuando tuvieran la guardia baja buscar el punto débil para embestir y rematar en algún lecho por lo que sobrara de la noche.
Todo sucedió rápido a partir de ese momento. Pablo pagó la cuenta, ella fue al baño un momento, dejando la cartera y el dibujo. Pablo tomó el bosquejo y lo sintió extraño, era él, pero diferente, por alguna razón sentía que los ojos del dibujo lo miraban profundamente. La voz en su cabeza le dijo: No lo mires más.
No prestó importancia a esa sensación, solo quería poner sus manos bajo la blusa de esa mujer. Jenny regresó, guardó el cuaderno de dibujo. Le tocaba el turno a Pablo de ir al baño, fue de prisa. Los orinales masculinos son lugares sagrados donde no existen intercambio de miradas, cada quien a su asunto y nadie se metía con otro. Orinó mientras buscaba con la vista el dispensador de preservativos, pocos se percataron del movimiento inquisitivo que realizó con la vista, esto pudo generar en otras circunstancias un altercado por desviar la mirada de su trama. El aparato estaba a un costado. Pablo sacó algún dinero de su bolsillo, terminó de orinar, sacudió su orgullo para que no goteara el pantalón y lo guardó en el lugar que le correspondía por ese momento. Caminó a la esquina, alimentó la maquina con varias monedas y retiró tres paquetes. Finalmente fue al encuentro de Jenny quien terminaba de sorber los últimos pocos de cerveza.
Salieron juntos del bar. Hablaron breve y mucho antes de llegar a la esquina de la cuadra la pasión surgió en forma un beso apasionado. Ella era salvaje, su aliento dulce y tentador. El corazón de Pablo latía fuerte, sabía que las mujeres con besos así eran braza hirviendo en la cama, toco su bolsillo y pensó que llevaba pocos condones.
Jenny detuvo un taxi. El vehículo condujo por las avenidas mientras la pareja se mezclaba mutuamente entre profundas y pecaminosas caricias. Pablo rosaba el pecho de Jenny bajando las manos hasta las caderas. Ella lo permitía. El conductor disimulado ojeaba por el retrovisor el nuevo espectáculo nocturno, no era el primero de la noche, y estaba seguro que no sería el último.
El auto se estacionó ante un gran edificio, era una de las viejas casonas capitalinas hechas en concreto y granito, la pareja bajó, Jenny pagó a pesar del reproche de su acompañante. Pablo admiró el edificio, era de esas viejas construcciones típicas de la década de 1930 diseñadas en concreto por las familias acaudaladas, era de tres pisos, cubierta de ventas, un pasamanos de hierro negro con figuras de inspiración griega conducían a la entrada principal iluminada de forma mezquina por una lámpara de luz amarilla. El taxi se fue mientras la pareja hacia una tesis de tacto y gusto sobre sus cuerpos antes de entrar. Jenny subió las gradas y abrió la puerta. Con una mirada pícara incitó a Pablo a entrar.
La sala era amplia, hermosa y finamente decorada, cientos de cuadros estaban en todas las paredes. Pablo nunca había visto tantos retratos en su vida, todos eran de personas, hombres y mujeres, sus vestimentas eran de diferentes épocas.
-¡Qué gran cantidad de pinturas!
-Todos los he hecho yo, es mi pequeña obsesión, me encanta coleccionarlas, junto con otras cosas artísticas también.- respondió Jenny con un tono tímido.
Pablo se sorprendió, pensó que nadie podría producir tantos lienzos en una sola vida, miró bien a Jenny, era muy joven pero por lo que podía constatar sobre las paredes, su talento era abrumador. Jenny le sujetó la mano y lo guió a la escalera para subir al segundo piso.
Te voy a dar un recorrido por la casa- indicó ella.
Jenny señalaba los cuadros a la altura de ellos y relataba breves anécdotas de donde los realizó. Pablo desconfiado buscó la firma de los cuadros, era la misma: Jenny. Ella continuaba sus historias cada vez más emocionada, las explicaciones eran rápidas y al grano. Pablo a manera de juego señalaba y ella decía en donde y quienes eran.
-Eres muy talentosa, ¿por qué pintas?
-Antes de la fotografía, la pintura era el medio para guardar un instante en el tiempo. Los cuadros son una mirada, un criterio del autor sobre algo, ellos poseen parte de los involucrados, es como crear un nuevo ser con elementos de ambos padres, el artista y el modelo. Algunos piensan que un buen pintor puede plasmar el alma de la persona y de esa forma mantener esa imagen por siempre.
-¿crees en eso?
-Claro, hasta podría decir que un buen trazo puede absorber parte de un individuo, solo basta con ver los retratos de los grandes maestros para que te des cuenta de eso, los cuadros parecen tener una especie de vida.
Pablo ya no quería hablar más. Se aproximó a Jenny, la beso, sus manos subieron por encima de sus caderas en busca de tierras más elevadas.
-Espera- detuvo Jenny.
Pablo se contuvo, él sabía que debía seguir el ritmo femenino pero sin detener la inercia de la pasión.
-¿Ocurre algo?
-La verdad sí, es que necesito terminar de esbozar tu rostro antes de continuar, será rápido, de lo contrario no podre disfrutar tanto pues mi cabeza estará en el dibujo y no contigo.
Pablo hizo una mueca comprensiva y accedió, en su interior la voz le decía: será un momento y luego a culminar la noche, con suerte y si ella se hace famosa pasaremos a ser parte de la historia.
Jenny lo guió a su recamara y lo sentó en la cama, las sabanas eran de seda roja, ese detalle éxito a Pablo.
-Será rápido- aseguró ella.
Y en efecto, Jenny trabajó veloz.
-¿Le pondrás colores?
-No es necesario, antes los pintaba, pero con el tiempo me di cuenta que no era necesario, con solo el bosquejo es más que suficiente.
-¿Antes?- preguntó Pablo- no comprendo.
-Antes, a los otros hombres les ponía colores al retrato, pero algunas veces se desesperaban y yo no podía terminar, y se iban sin que yo terminara.
-¿De qué hablas?- cuestionó Pablo sin vislumbrar lo que ocurría.
Jenny le mostró el dibujo a Pablo, para desviar la conversación, este olvidó por unos segundos lo que decía. Acercó el retrato para apreciarlo mejor. Aquella sensación que tuvo en el bar regresó a él, su cuerpo se estremeció. Miró a Jenny, ella le arrebató el cuaderno y dijo.
-Antes necesitaba una aguja para obtener sangre de la persona a la que le hacia el retrato, le pinchaba un dedo, con una gota era suficiente- ella se aproximó y beso profundamente a Pablo, se separó de él y se introdujo la punta del lápiz en la boca y agregó- ahora con un poco de saliva de la persona me basta. - Y dicho esto, firmó la imagen.
Pablo quedó inmóvil, exhaló lentamente, como si algo escapara de su cuerpo y puso la mirada fija, perdida. Estaba aun sentado, su cuerpo ya no estaba excitado, su mente estaba difusa como envuelta en algún tipo de niebla, no sentía nada. Sus sensaciones ya no existían, no cuestionaba nada, no le importaba nada, su rostro quedo neutro y sin expresión alguna Era a partir de ese instante cuerpo vacio. Sin alma.
Jenny se puso en pie y extendió su mano a Pablo, este la sujetó y se levantó en silencio, sin pronunciar palabra alguna. Bajaron las escaleras hasta la puerta principal, Jenny abrió. Pablo se volteó a manera de despedida, un acto reflejo sin sentimiento alguno, Jenny le propinó un beso en la mejilla. Un viento frio puso la piel de gallina en Pablo, pero le fue indiferente. Pablo bajó hasta la acera y se marchó caminando. Mientras sus pasos se perdían en la penumbra de la noche, Jenny, desde la entrada, miraba de cuando en cuando el dibujo, luego la figura de Pablo no se vio más, consumida por la noche. Jenny regresó al interior de la casa.
Recorrió la sala hasta la cocina y de allí hasta donde la puerta al sótano estaba. Mientras bajaba las gradas dijo al dibujo.
-No te preocupes, te aseguro que no estarás solo.
La temperatura del sótano era elevada, casi insoportable, sofocando toda la atmosfera. Era una habitación de forma hexagonal, con una puerta en cada pared, todas se encontraban abiertas. Tras cada puerta más habitaciones hexagonales con más puertas en cada pared. Un susurro apenas audible, aterrador y extraño, como de lamentos provenía de todas direcciones. Sobre cada pared colgaban miles de hojas de papel movidas levemente por alguna brisa que se colaba. En cada hoja un rostro masculino dibujado con la firma: Jenny.
A la noche siguiente, en otro bar de moda, Jenny no se percató, al principio, que era observada de forma furtiva.

Fin

4 comentarios:

Diseñadora Gráfica, Artista Plástica y Productora de Eventos. dijo...

Hey Chamu muy loko... como todo lo que escribís!! Gracias loko por el post y por la dedicatoria. Exitos pl 2009. De fijo em encantaría trabajar con vos en la portada de tu new book!!! Por aká estamos!!! Buenas vibras positivas pl 2009!!

Amorexia. dijo...

Amigo mio, me encanta como alguna vez te dije el aire de la persona de Jenny, me gusta ese aire a noches heladas y desentendidos actuares que culminan en esta especie de maldición.

Excelente.

Buen 2009 y saludos desde la oscuridad.

Sandra Natalia dijo...

Es un escrito bastante interesante pues él hombre conquistador, no logra su cometido y ella lo dejo sin lo que el no utilizaba su espiritú que no podia valorar pues para él una cama, mujer, vagina era algo cotdiano sin importancia una más lo que era su rutina asi como este hombre hay muchos, socializados sin saber porque no son felices tristemente es una critica ante mi de mucho peso cargada de la relidad tica

Anti dijo...

Pinche cuentillo, no vale madre. ¿Quién no ha visto la mentada 'Dimensión desconocida' que agotó ese tema hasta el hartazgo? ¿quién no se ha leído 'El retrato oval' de Poe? ¿femme fatal de cantina? ¡Por Dios! (y eso que soy ateo) ¿Tengo que recordarles a la puta de Aileen Wuornos? ¿Firma con sangre?

Bueno, la historia es una vil copia de copia, pero, eso podría perdonarse si el plagio estuviera bien narrado. ¡Lástima, Margarito! Eres un puto narrador ingenuo: describes como médico forense, muy bien si fueras un puto criminólogo, pero, lo que se supone que intentas ser es literato; exceso de adjetivos; personajes de cartón.

Sólo eres un puto chamaco de mierda. No eres escritor. Te faltan como cincuenta años de práctica para escribir algo decente. Haces mal dándole crédito a los pendejos que dicen admirarte. No están calificados para juzgar una obra literaria.